top of page

My Mad Fat Diary: Me río contigo, no de ti.

Actualizado: hace 10 horas

Tras mi entrada pasada donde discuto sobre la serie de Insatiable y de cómo la sátira puede quedarse corta cuando no se entiende bien a quién se está apuntando, me inspiré para escribir sobre una serie que, desde mi perspectiva, es una de los mejores ejemplos de la frase: “Me río contigo, no de ti”.


Porque sí es posible hacer comedia sobre gordura sin que el chiste sea la persona gorda, sí es posible hablar de trastornos alimenticios, salud mental y adolescencia desde lo divertido y relatable, y sobre todo, sí es posible que una protagonista gorda tenga una vida más allá de su peso. 


My Mad Fat Diary (2013) no es perfecta, porque tampoco los personajes lo son y ahí radica su belleza, en el crear a un personaje que se siente tan auténtico; Rae (Sharon Rooney) es muchas cosas antes que solo “la gorda” y aquí te cuento todo al respecto. Voy por partes: 

1. Rae no es su cuerpo (aunque su cuerpo sí importa y mucho) 


Rae Earl es una adolescente de los noventas que acaba de salir de una institución psiquiátrica después de un intento de suicidio. Desde el primer capítulo sabemos que su relación con la comida y con su cuerpo ha sido complicada, pero, y aquí está la diferencia clave; la serie no reduce su identidad únicamente a eso. Claro, al final del día se llama My mad fat diary, lo que nos deja bastante claro que se trata de las crónicas de una adolescente gorda y por ende, el peso se menciona bastante, pero desde una mirada tan sensible, tan personal y tan suya. 


Rae tiene un trastorno por atracón y le cuesta ponerse un traje de baño, le aterra que sus amigos la vean desnuda, pero al mismo tiempo es una fangirl hecha y derecha de Oasis, es sarcástica, es intensa, leal, divertidísima, ocurrente, sexual (bastante) y sobre todo es una adolescente en busca de encontrarse a sí misma. La gordura no es el único conflicto narrativo que el personaje de Rae presenta porque tiene tantas capas que ésta, si bien es muy importante, es una más; ella quiere enamorarse, quiere amigos, quiere disfrutar la comida y quiere aprender a vivir.  



2. La comedia en vez de humillar, puede acompañar 


En la entrada pasada hablaba de cómo en Insatiable el humor muchas veces se siente como agresión disfrazada de sátira, pero en My Mad Fat Diary la comedia funciona distinto; aquí el humor nace desde Rae, no hacia Rae. 


Un ejemplo clarísimo es la escena del tobogán en la fiesta de alberca que tiene con sus amigos. Rae siente ese miedo de “¿y si me quedo atorada?” que algunas mujeres que crecimos gordas pudimos llegar a conocer. Rae se queda trabada y es incómodo, es vergonzoso; pero la escena no se filma desde la burla. Se graba desde la incomodidad y luego desde el humor que nace de ella misma; pide ayuda para sacar su “culo gordo” y la tensión baja porque la voz es suya, esto cambia completamente el tono del chiste, no estamos riéndonos de la gorda, estamos riéndonos con Rae. Básicamente: Mis traumas, mis chistes.  


Imagen recuperada de: https://pin.it/4y6LykYpC
Imagen recuperada de: https://pin.it/4y6LykYpC

3. La salud mental es tema serio 


Algo que también pienso que la serie hace espectacular es no romantizar el sufrimiento. Rae no es “trágica pero adorable” como solíamos ver en contenido similar de la época, un poco Skins (2007) con la romantización de los trastornos mentales de la mayoría de los personajes (todas queríamos ser Effy o Cassie).  


Rae tiene pensamientos oscuros, es muy impulsiva y muchas veces puede ser cruel con sus amigos, tiende a sabotear relaciones, proyecta el odio que en ocasiones siente hacia sí misma en otras personas y la vemos una y otra vez causando problemas externos e internos. 

Aquí es donde entra Kester (Ian Hart), su terapeuta.

Este es un personaje clave para la historia de Rae, pues la mayoría de lo que se narra en sus sesiones es lo que vemos en el capítulo.


Kester no es un personaje secundario, aunque lo llegara a parecer; es el canal que permite que escuchemos lo que Rae realmente piensa. Gracias a él, la serie puede mostrar el proceso de sanación que ella vive sin hacerlo de una forma tan educativa. Esto para mí es muchísimo más poderoso que cualquier discurso explícito de concientización. 



4. Rae no es la “Fat Funny Friend” (escucha la canción de Maddie Zahm)


Una de las cosas más interesantes de la serie, es cómo maneja las amistades. Rae no es “la amiga gorda del grupo”, no es la mascota simpática y mucho menos es la que siempre está agradecida de que la incluyan. Ella entra al grupo gracias a su mejor amiga Chloe. Pero se queda por mérito propio, si bien al principio se siente alejada y fuera de lugar, poco a poco comienza a tener química con todos.  


Discute y se equivoca, muchas veces incluso es pésima amiga y hay que reconocerlo, pero también pide y recibe disculpas cuando lastima a otros o la lastiman. Sus relaciones no son perfectas, son reales; y rescato mucho que cuando Rae se sentía un poco ajena al grupo, siempre estaba el personaje de Chop para recordarle lo valiosa que era. Raemundo, el apodo que Chop le otorga, probablemente se me hace una de las muestras más bonitas de pertenencia que Rae recibe.


5. El romance es posible (y no como premio por adelgazar) 


Hablemos de Finn (Nico Mirallegro), probablemente el crush legendario de toda niña gorda que vio esta serie, incluyéndome. 

La relación entre Rae y Finn fue una revolución en su momento, sobre todo en edits de Youtube, en dónde me enteré de la existencia de esta historia. No porque su vínculo sea perfecto (no lo es), sino porque muestra algo que el cine rara vez permitía: una mujer gorda deseada por un hombre estereotípicamente atractivo (también habría que cuestionar cómo nuestra propia gordofobia internalizada nos hace emocionarnos más al respecto) y sin ironía, sin una explicación loquísima del porqué de su amor hacia ella; él simplemente la amaba porque la amaba y ya. 


  

Finn no la elige después de adelgazar, no hay una transformación física de por medio, pero sí hay conversaciones, hay tensión sexual y una construcción lenta de una conexión entre ambos; empiezan siendo amigos y poco a poco llegan a ser más. Rae sigue teniendo inseguridades, incluso cuando él la desea, ella no logra verse como él la ve. Un poco cliché eso sí, pero aprecio que tampoco se simplifique su conflicto interno como “si alguien te ama, todo se arregla”. No, de hecho, muestran una parte muy real y es que el amor de una relación no borra la gordofobia que también dirigimos hacia nosotras mismas, y que después esto tiene que ver con el por qué estos dos no terminan juntos (otra parte de la trama que me parece valiosísima). 


6. La representación importa más de lo que creemos. 


Conocí esta serie a los 14 años y no exagero cuando digo que en su momento me pareció revolucionaria, fácilmente el mejor contenido que mi yo de esa edad se pudo haber topado en los rincones de Youtube. Y quizás ver a una adolescente gorda besando a lo que parecía ser un hombre “imposible” no debería ser revolucionario, pero para mí lo fue. No porque necesitara validación masculina, sino porque por primera vez el mensaje de que mi cuerpo no me quitaba el derecho a vivir experiencias intensas fue posible en mi mente. 


Esto es lo que veo como representación real, una narrativa que no viene desde un discurso moralizante, viene desde el reconocerte en el personaje; desde verte en pantalla y entender que lo que te duele no es un sentir individual sino parte de una estructura que te dice que no puedes. 


Quizás la forma más fácil en la que podría explicar el sentimiento es con el fenómeno de “rayita” en Wattpad, cuando te dejaban espacio para llenar la historia con tu propio nombre y sentirte dentro de ella, eso es lo que yo experimenté, esa identificación tan personalizada cómo leer con mi voz mental: “Y inserte nombre se acercó y lo besó”.  


A día de hoy, más de diez años después, My Mad Fat Diary sigue sintiéndose fresca, porque entendió algo fundamental y es que antes de intentar reírte del sistema, tienes que humanizar a quienes lo sufren; la representación y concientización no ocurren cuando el público se siente superior al personaje, ocurre cuando se siente cercano. 

Comentarios


bottom of page