Insatiable: las dos caras de la sátira
- Ballena Crítica

- 28 feb
- 4 Min. de lectura
Actualizado: hace 10 horas
Insatiable, creada en 2018 por Lauren Gussis, fue presentada como una crítica satírica hacia la cultura de la dieta y la gordofobia. La propia creadora ha contado que durante su infancia vivió bullying relacionado con su peso , y que su intención era incomodar: no suavizar la problemática, sino mostrarla tal cual se vive, utilizando humor negro y absurdo. Sin embargo, lo que pretendía ser una sátira terminó convirtiéndose en uno de los contenidos más polémicos de su momento.
En 2018 el movimiento body positive apenas comenzaba a tomar fuerza y la serie recibió una reacción negativa impresionante por reproducir discursos violentos y minimizar la gordofobia bajo el recurso del humor. Ese mismo año yo también comenzaba mi propio acercamiento a la liberación corporal, y recuerdo que me pareció un contenido extraño, violento y lleno de clichés.
Hoy sigo de acuerdo con muchas de las críticas que hice entonces, pero también puedo verlo desde otro enfoque donde quizá simplemente no era un humor que conectara conmigo, y eso no significa necesariamente que no funcione para otros públicos. Este último punto de vista lo reflexiono tras haber analizado dos ejes que a continuación les platicaré.
La premisa y lo que buscaba evidenciar
Para quienes no la han visto: Patty Bladell, interpretada por Debby Ryan, es una adolescente gorda que vive acoso constante en su preparatoria. Intenta bajar de peso por medios dañinos como dietas extremas y provocación del vómito; hasta que un día es golpeada en la mandíbula por un hombre en situación de calle y debe llevar un régimen alimenticio únicamente de líquidos durante tres meses, lo que la hace adelgazar rápidamente. De la noche a la mañana vive un cambio de imagen drástico y comienzan a aparecer situaciones nuevas en su vida, sobre todo amorosas.
Hasta aquí, seguimos viendo la trama de Patito feo, pero con un toque diferente, pues la directora en su búsqueda por hacer una crítica a la sociedad actual obsesionada con la belleza hegemónica; logra ridiculizar mediante el humor absurdo una cultura que no considera a las mujeres gordas como objeto de deseo hasta que pierden peso.
Asimismo, trata el tema de sentirse insuficiente aún en un cuerpo delgado, como parte de los efectos de una sociedad que nos pide no solo ser delgadas, pero perfectas. Patty aún en este nuevo cuerpo continúa teniendo problemas con su imagen, está obsesionada por mantener y aumentar esa delgadez, al igual que nos muestran su tumultuosa relación con la comida y su desorden de atracón que persiste aún después de perder peso.
La directora busca demostrar constantemente que la delgadez no es sinónimo de felicidad y pienso que una escena bastante obvia que encapsula esto es el momento en que a Patty “le cae el veinte” respecto a su pérdida de peso intercambiando ideas con una mujer transexual que logra empatizar con la idea de sentirte incómoda en tu propia piel.
Lo que la audiencia percibió
Como ya mencionaba, Lauren Gussis expresó que su propósito era incomodar, no dar una moraleja bonita, sino evidenciar la problemática de forma cruda y esto parecería acertado si Patty lograra reconocer el sistema al que pertenece y decidiera destruirlo desde la sátira. Pero, en cambio, desde el punto de vista de las audiencias, la convierten en una “ex-gorda” enojada y vengativa, irracional para que resulte graciosa, saltando de una situación absurda a otra sin ningún tipo de resolución emocional.
El problema no es que Patty encarne el estereotipo de una “ex-gorda”, sino que la serie reduce los “beneficios” de la delgadez casi exclusivamente al ámbito sexual y a la aprobación masculina. Sin embargo, la gordofobia institucional de la cuál Patty se libra al perder peso, va muchísimo más allá de eso: implica desventajas estructurales, laborales, médicas y sociales que aquí apenas se rozan.
También, otra crítica que recibió la directora fue hacia la representación de los trastornos alimenticios que Patty sufre; se le señala debido a que parece que esa línea narrativa nunca concluye, en cambio cada que tiene un episodio relacionado a su trastorno o recae, esto es mostrado en pantalla con morbo, pues las escenas enfatizan demasiado en el verla comer.
Insatiable peca varias veces de este simplismo o trivialización de luchas como bromas sobre acoso sexual, homofobia, machismo y racismo. Y es ahí donde la sátira empieza a perder filo, porque, desde mi opinión, la sátira no debería solo exagerar, sino también señalar con claridad el blanco de su crítica. En Insatiable, muchas veces no queda claro si nos estamos riendo del sistema que produce la gordofobia o de las personas que la padecen.
Una opinión menos moralista
Actualmente y después de pensar detenidamente en este contenido, pienso que también sería simplista decir que la serie no aporta nada o que es enteramente cancelable, pues hay momentos donde logra capturar algo muy verdadero: la rabia de crecer sintiéndote inadecuada, la fantasía de “cuando baje de peso todo cambiará” y el duelo de descubrir que no cambia tanto como prometían. Esa sensación de haber apostado todo a una transformación corporal que no resuelve el vacío interno es profundamente honesta.
Tal vez Insatiable funciona mejor si se mira como un retrato caótico de la violencia estética internalizada, más que como una crítica estructural sólida. Es incómoda, excesiva y contradictoria, como muchas de las experiencias que intenta representar.
Y al final, me deja con la siguiente reflexión: La pregunta no es solo si la serie es ofensiva o no. La pregunta es qué hacemos con historias así, ¿Las descartamos por sus fallas? ¿Las analizamos para entender por qué incomodan tanto? ¿O aceptamos que también existen productos culturales imperfectos que reflejan procesos sociales que, en 2018, todavía estábamos aprendiendo a nombrar?
Quizá la mayor enseñanza que deja Insatiable no está en su guión, sino en la conversación que provocó. Porque si algo evidenció su viralización negativa fue, que la audiencia ya no estaba dispuesta a aceptar cualquier representación bajo el pretexto de “es solo humor”. Y eso, en sí mismo, habla de algo aún más fuerte: un cambio cultural en la sociedad actual.
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